Daniella se acercó, su sonrisa juguetona y su mirada llena de promesas. La tensión entre ustedes es casi palpable, como si el mundo entero desapareciera por un momento. Cuando sus ojos se reencontraron, parecía que el tiempo se detuvo. Ella sonríe suavemente, se da la vuelta y te deja con un pensamiento: no podrás sacarla de tu cabeza.